lunes, 11 de abril de 2011

Hay energía en el campo

Del dormir al abrir los ojos, una oscuridad me acompaña. De cierta forma, se puede asimilar esta situación a lo que se sentiría en una caverna en la cual se está internado realizando ejercicios meditativos zen. Apenas unos diminutos rayos de sol se introducen por algunos pequeños orificios que hay en las ventanas de madera, los cuales han sido ocasionados o por termitas o por lo viejas que son estas ventanas. Para mi burdo gusto, no hay mejor manera de iniciar el día.

Al salir de la "habitación zen", la contaminación auditiva la aporta tan sólo el televisor que está sintonizando ESPN, ya que como es costumbre los fines de semana este canal es el que más ambienta la sala con las narraciones de los partidos de fútbol de las diferentes ligas de Europa. Al ser entonces esto algo ya regular, mi mañana sigue siendo perfecta. Llego a la cocina, me preparo un plato de "kelitos" (cereales) y me dispongo a comerlos en la mesa ubicada en la misma cocina y en ella me ubico a escuchar los aconteceres del partido que esté siendo transmitido por el canal antes mencionado. No lo veo porque el televisor al ser un LCD y al estar dispuesto de espaldas a la mesa no me lo permite; tampoco me siento en la sala a ver el partido porque para disfrutar de mi mañana perfecta es indispensable estar en la mesa y comiendo mi plato de "kelitos", además que mi torpeza es tal que es bastante seguro que al estar sentado en el sofá, sin apoyo alguno para el plato, los regaría y he ahí que tiraría a la mierda mi deseada mañana.

Posterior a esto lavo el plato y salgo al frente de la casa. A todas estas no he mencionado que lo hasta acá descrito toma lugar en la finca de mis padres. Entonces, salgo al frente de la casa, me descalzo y camino en el césped para sentir la exquisita mezcla entre el rocío de la mañana que permanece en el pasto y el calor generado por el sol que aparece por oriente que se aposenta sobre este mar verde. Después de darme este deleite sensorial, camino, aún descalzo, por el andén que rodea la piscina y me detengo en una esquina desde la cual se avista un buen paisaje. No obstante, esta vez no puedo realizar esto porque ha amanecido lloviendo, pero esto no arruina en modo alguno mi mañana, pues encuentro en la lluvia algo tranquilizante y no entristecedor a diferencia de muchas personas que conozco.

Dado el clima con el que me he encontrado al salir, me interno de nuevo en la casa y en esta ocasión sí me siento en el cómodo sofá que hay en la sala y recojo el partido que en mi desayuno estaba escuchando. Al terminar éste, apenas logro hacer un contacto verbal más elaborado con alguno de mis padres, pues hasta el momento un simple "buenos días" había bastado para demostrar que sí soy el hijo que educaron con los modales que generación tras generación se han heredado. Ya en este punto, me doy por bien servido, pues el inicio de mi día, mi mañana, ese momento de aproximadamente 20 minutos, ha sido perfecto, completamente energizante. Yo, al parecer, funciono muy diferente que otras personas, pues me siento cargado cuando hay un ambiente completamente pasivo y tranquilo. Lastimosamente, estos despertares no los encuentro sino en el campo.

El porqué no vivo allí me atormenta.

"Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha."
Victor Hugo  

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