martes, 13 de agosto de 2013

¿Trabajando, estudiando y escribiendo esto?

Ya ni sé cómo hago para sacar tiempo para escribir estas palabras que muy seguramente están condenadas a no ser leídas por nadie más. Me encuentro realizando labores que para mí incipiente experiencia profesional son nuevas y puede que novedosas. Es curioso, pero no importa que tenga cuatro años y algunos meses de experiencia laboral, debo admitir que es incipiente. 

Para agregar datos que hacen extraña la escritura y publicación de este escrito, también me encuentro en un nuevo proceso de formación académica. Ahora me dio por pensar lo psicosocial y ver posibilidades de intervención desde dicho pensamiento. Creo que era una necesidad personal y profesional. Personal en cuanto debo hacer algo para tal vez vivir un futuro mejor. Profesional porque los empleos que aparecen tienen siempre matices psicosociales y la verdad, poca o nula es mi formación y conocimiento al respecto. Tal vez en intrépido e imaginario lector se dé cuenta que a ambas necesidades le subyace un elemento común: el dinero. 

Estudio para tal vez obtener mejores ingresos en mi área de desempeño profesional y, a su vez, trabajo para poder costearme ese estudio y simultáneamente lograr pagar deudas, cuentas y "lujos" que a la postre son pendejadas. Ah, no olvidemos que para poder comer también. 

No quiero decir que lo que ando estudiando sea de total desagrado, de hecho sirve mucho para crearse un punto de vista crítico frente a las lógicas y dinámicas sociales y para ver con lupa qué se está haciendo frente a estas cuestiones. Resta seguir adelantando los estudios para poder dedicar algunas entradas al tema, pero quede consignado el porqué estoy re-formándome academicamente.

Bueno, suficiente por ahora, de vuelta a la escritura laboral, pues ando en horas de trabajo.


"Un síntoma de que te acercas a una crisis nerviosa es creer que tu trabajo es tremendamente importante".
Bertrand Russell.

lunes, 4 de febrero de 2013

Es definitivo: nadie me lee

Al menos eso creo si me dejo llevar por las pocas visitas que recibe este espacio. ¿Por qué nadie me lee? No sé; no diré que no me importa. Es bueno que alguna vez en la realidad uno se encuentre con aquél interlocutor imaginario llamado lector. 

Puede ser que mi estilo de escritura no agrade, puede ser que todas las personas tienen algo para hacer. (Pausa: El que re-aparezca después de tanto tiempo honestamente no se debe a que estuviera muy ocupado, de hecho podía sacar tiempo para escribir, pero el caso ha sido más bien el de una dedicación en proyectos que a la postre tenían ya un olor a vencidos. Se me perdonara lo iluso... ¿me lo habré perdonado?) La razón que sea, lo que azota por su crueldad es el hecho de que no me siento, en el peor de los casos, el receptor no-advertido de críticas a mi escritura.

Por ende nadie se enterará de lo triste que me deja el distanciamiento que de mí han tomado dos mujeres que siempre percibí como "de lo más especial" en mi mundo circundante. Es obvio que ellas no lo sabrán. Tampoco nadie tendrá aviso del arrepentimiento que me invade por no haberme aventurado en una expedición acompañada en algo que no es para nada turístico, so pena de ser esto que acabo de escribir un motivo para una gran discusión... pero como nadie lo sabrá, me tranquilizo. 

Bueno, empezaré a dejar por aquí, pero dejaré algo claro y es que escribir es arriesgarse a la confrontación con algo que está en la base del mismo proceso de escritura: el silencio. 

Hasta pronto otro, seguiré mientras tanto con Otro.

"Lupus est homo homini non homo, quom qualis non novit"
Plauto

lunes, 16 de julio de 2012

Carta a lo que no fue

Transcribo una carta que terminé de escribir el 28 de febrero del 2012:

"No sé qué decisión prevalecerá. No sé qué será de mí y de aquella a la que amo. No sé si la primer parte de mi descendencia será o no será. En últimas, es obvio que no sé cosa alguna.

Si hubiera de nacer un ser humano fruto de la irresponsabilidad, creo que debería saber sobre aquél que lo está invitando a este mundo: soy un hombre con muchos miedos, muchas inseguridades, muy poca capacidad de ver las cosas con simpleza, con mucha preocupación por el qué dirá mi familia, mis amistades y todo aquél que logra conocerme. Si se hace una lectura entrelíneas de lo que acabo de de escribir, se puede ver que no soy mayor cosa o bueno, tengo demasiadas falencias y con esas debilidades te podría estar recibiendo, y no sé si eso te favorezca. Reconozco que mi madre me ha transmitido mucho de esto, sé que mi padre me ha dejado muchos vacíos y yo que me formé para que otros superen lo que sus padres impregnaron en su ser, no he podido triunfar en lo tocante a mí. Obviamente tengo cosas buenas, pero no sé hoy si eso no es más que una fachada.

Te antecede entonces una parte un tanto irregular, de la otra parte, se me ha pedido que no hable y esto, aunque se me dificulta hacerlo, es una petición que se me re-planteó en un momento donde 2 posturas no encontraban punto de conciliación.

A estas alturas de esta carta que no sé si llegaras a leer, te debo confesar que exploré la idea de un aborto (creo que ya sabrás qué es eso para cuando leas estas líneas). Cuando me enteré de tu temprana presencia, se me derrumbaron muchos planes personales y otros en los que construía un futuro más seguro con mi pareja (tu madre). Pensaba en ella y en cómo se le iba a dificultar su vida académica, personal y, a largo plazo, profesionalmente. No me sentía que andará en mi mejor momento de vida, ni que ella lo estuviera también. No soy de los que toman la moral religiosa como un punto central en las decisiones de la vida, por ende jamás he pensado en el aborto como un pecado; ese soy yo, tu madre sí lo ve así. Traté de hacerle ver las cosas a tu madre como yo las estaba viendo, pero ella no logró verlo así; presa de la rabia me insultó e incluso lo contempló por instantes, dejando como sentencia que al abortar no seguiría conmigo en una relación. Creo que el verme sin ella me acobardó, pero curiosamente, si llegases a nacer, me hizo tomar el valor de asumir tu vida como una responsabilidad que dura toda la vida. Con lo anterior queda un tanto claro qué sería de mi vida si no naces. 

Esta carta la inicié 2 días después de enterarme de un posible embarazo. Creo que lo estaré terminando a un día de saber si tal gestación está en marcha o por lo menos, hasta el siguiente punto aparte, estoy a 19 horas de saberlo y me siento aún con miedo. Hasta hoy, mi papá, no sabe de ti. Dentro de tres días, la que sería tu tía paterna se gradúa de su carrera universitaria, pero siento que yo no le permitiré que sea del todo feliz, porque ella lamenta mucho la irresponsabilidad de tus padres, pero más que todo, no esperaba de mí una suerte de ceguera, pues no logré ver las consecuencias que acarreaba el corporeizar mi amor con tu madre sin precaución alguna. Lo que sucede con mi mamá es un manojo de de sentimientos encontrados frente a los cuales me quedo corto como para explicarlos; puede ser que algún día le preguntes, como puede que esa conversación nunca se dé. Mis amistades me han dado una especie de apoyo que sino a ratos forzado, pues ellos al igual que mi hermana no creían de mí tal irresponsabilidad. En todo caso, tu posible llegada está rodeada, por mi lado, de mucha ambivalencia.

Me invade la sinceridad, me abruman mis temores, me ensordece el silencio de un apoyo que aún no oigo y me inquieta lo que aún falta por vivir y construir entre la que por hoy te lleva consigo y yo. Lo escribo hoy, lo sostengo hoy y todo esto se piensa hoy. Mañana o en 7, 8, o 9 meses puede que otra sea la tonada. Lo que te espera es un mundo que no anda bien, un planeta maltratado y una sociedad corrompida por un objeto que a todos o a la gran mayoría enloquece: el dinero. Yo quisiera tener una mejor relación posesiva con ese objeto y hoy no la tengo, pero créeme que ante tu noticia me he movilizado para mejorar eso, porque al respetar la incapacidad de tu madre para abortarte, se me delegó una función y una tarea que excede mis proyectos personales y tu pasaste a ser el objetivo principal. Quisiera que para cuando leas esta carta, si la lees, mires hacia atrás y te des cuenta si algo te ha faltado a nivel material; no pienses en lujos, piensa en lo básico. Yo sé que de mi parte amor jamás te faltará, pero a duras penas se logra vivir en este mundo que me rodea sólo con amor y es por eso que te pido eses ejercicio retrospectivo.

Si he de suscitar rabia en ti por hacerte saber que en un momento quise que no fueses, lo entenderé, pero en esa misma medida espero que tu me entiendas. Tenía 27 años, 9 meses y 14 días cuando te escribía esto. Creo que aún estaba joven y podía verme sin ti durante unos cuantos años más. Me dirás que tu madre estaba más joven que yo y algo como esto no ha sido comunicado por ella; yo te aceptaré ese argumento pero te diré que ella no piensa como yo, no analiza hoy las cosas como yo lo hago y como esperaba que una futura psicóloga lo hiciera, y como te dije antes, hubo un factor moral que influyó en ella para que tomase la posición que tomó. Lo que quiero dejar claro es que te quiero ser honesto, te informo esta historia para que tal vez conectes asuntos que no captabas y para que te des una idea más fiel del padre que te esperó en un momento. Soy humano y por ende soy imperfecto, pero si lees esta carta, espero que puedas decir con total veracidad que tienes un padre que te ha amado como nadie y que ha querido siempre que seas tú, alguien original y completamente tranquilo.

Por lo que pueda haber sucedido: perdón (si es malo).

Por lo que me hayas brindado: gracias.

Por lo que desees emprender: adelante.

Por lo que te haya aportado: de nada.

Y por lo que soy: ______________.

Mauricio Tobar Cadavid
28-02-2012
Medellín, Colombia (en mi consultorio del trabajo actual que es por el Estadio)"

Esta carta la dejo libre de alguna frase citada.

sábado, 21 de abril de 2012

9 meses después

Ya ha pasado bastante tiempo desde mi última entrada y créanme que ha pasado demasiado. De hecho, la entrada anterior a esta trataba sobre cómo estaba cayendo en las fauces de una relación de pareja que en un principio, concientemente rechazaba pero que en últimas, y aunque pueda ser redundante, inconscientemente deseaba. Ahora, después de tanto tiempo puedo decir que en efecto hay que tener cuidado con lo que se desea: voy a ser padre.

¿Qué puede esperar mi hijo/a de mí? Sí hay trabajo, pero no hay estabilidad: ¿lógico? Sí persisto en mi relación pero hay muchos problemas: ¿esperable? Maldita sea, me retumba en mi mente esa maldita frase ya anticipada: ¡CUIDADO CON LO QUE DESEAS!

Que asco de entrada, perdonen... si es que alguien lee.

"A veces el hombre más pobre deja a sus hijos la herencia más rica"
Ruth E. Renkel 


viernes, 22 de julio de 2011

Sensación estomacal

La confusión con la que escribo lo siguiente incrementará al pasar las horas después de que ingrese el punto final. Creer que realizar este ejercicio de escritura calmará lo que ando sintiendo es una idea tan absurda como la existencia real y manifiesta de los ideales. Pero creo que todo parte de una incoherencia frente a ciertos postulados personales que de una u otra forma se erigen como filosofía de vida. La sensación que me deja esto es la de ser un completo idiota.

Ya ando cansado de re-confirmar que soy un amante a los retos. Creo que puedo generar modificaciones en ciertas cosas que a leguas se notan que no tienen maleabilidad alguna. Ando con esta sensación tan extraña, pero tan localizable (en el estómago) por culpa de esta creencia, que no es más que un error cometido con la mejor de las voluntades que puedo presentar como ser humano. Para ello, demostré cierta entrega, cierta paciencia, cierto deseo y cierto interés, incluso me aventuré a nutrir algunos espacios de diálogo con visualizaciones de un futuro que sólo lo pueden ver los que dicen tener poderes extrasensoriales. Muy en el fondo sabía que nada debía esperar, que nada debía creer, pero cedí. ¿Por qué? ¿Para qué?

Tal vez hay una presión social que logra que uno traicione un pensamiento de prácticamente toda la vida, uno que a capa y espada se ha defendido contra serios detractores y que he logrado nutrir mediante lecturas y experiencias oídas y vividas. Tal vez podía estar creyendo que lo que había declarado casi una regla podía tener una excepción. Pero no, por lo que hasta ahora he visto, notado y sentido, debo ser fiel a mis convicciones. Debo de persistir en mi posicionamiento como canalla frente a ciertos asuntos de la vida y mantener en pie de lucha mi ataque contra eso que se denomina "relación de pareja". 

No deja de ser un juego de poderes, un despliegue inmundo de estrategias que buscan debilitar al otro. Creo en la buena voluntad de algunos seres humanos, en específico de algunas mujeres, pero al menos en lo que me ha tocado, siempre hay una intención oculta, un secreto. Maldigo el estar advertido sobre aquél sujeto del inconsciente. 

Creo que una vez más fallé; con esto doy muestras de no relegar toda la culpa a la mujer de turno. Puede que esté muy equivocado, pero ya la semilla de la duda está instalada y si persisto en algo es por razones aún más idiotas. Recuerdo mi gusto por los retos; he ahí la explicación a una futura entrada en la que contra-argumente lo que en ésta acabo de ingresar. Por el momento, desembarazarme de esto que siento es una tarea a cumplir rápidamente y es posible que termine dirigiéndome al licor y otras mujeres... de las cuales debo de dudar cada vez más.

"La verdadera filosofía es re-aprender a ver el mundo."
Maurice Merleau-Ponty

martes, 7 de junio de 2011

Rato sin aparecer

Hola, ¿me extrañaban? Un momento... ¿alguien me lee? En el remoto caso de que exista un sujeto que esté pendiente de mis entradas, pues ofrezco disculpas por mi momentánea desaparición. ¿La razón de esta ausencia? Ninguna más que la misma pereza; si bien he estado trabajando en una funeraria, como se pudo enterar en un escrito anterior a éste, eso no vale honestamente como un motivo para que haya descuidado este blog que tanto me ha servido o, para ser más frentero, que tanto me sirvió en un momento en el que estaba al borde de un colapso histérico con ciertos tintes psicóticos.

Este lapso en el que no ingresé palabra alguna a esta plataforma ciberespacial ha sido benéfico para mí. He logrado ocupar mi tiempo con algo que me genera ingresos, se me ha permitido conocer nuevas personas donde algunas son de mi total agrado (sobre todo las mujeres que he conocido) y otras son poco interactivas, en algunos casos, como hay otras que tienden a comportarse de maneras que a mí no me agradan, de igual modo intento tener un trato cordial con estas últimas. También se me facilitó revalidar que ningún trabajo es deshonroso y que por más que tenga un título profesional y casi haya logrado terminar una maestría, cuando la situación apremia y la realidad laboral de un país como en el que me encuentro viviendo no están de mi lado, cualquier forma de ganarse unos cuantos pesos de manera honrada sirve. 

Hay muchas situaciones de la cotidianidad intersubjetiva que podría precisar, pero optaré por guardar estos episodios para ulteriores escritos. No que ande de psicólogo secreto analizando a toda persona que se atraviese o que establezca cualquier grado de comunicación conmigo, simplemente que hay ciertas cuestiones que quedan archivadas en el aparato psíquico mío y que me sirven de material para escribir. El conocer a otros es leña para esta fogata que llamo escritura.

Espero entonces, para beneplácito de mi supuesto lector, sacar a la luz mis escritos con una periodicidad igual o mayor a aquella con la cual venía alimentando mi blog. Eso espero y me convocaré insistentemente en ello.

"Hallar la debilidad en cada quien es el arte de dominar las voluntades."
Baltasar Gracián

miércoles, 18 de mayo de 2011

Retorno al negocio de la muerte

Ya cansado de mi desempleo, he resuelto volver a un negocio que genera ingresos a partir de la muerte. Sí, vuelvo a trabajar en una funeraria. Ya lo había hecho y la verdad fue un empleo digno y bien remunerado. Tengo amplia experiencia en aquello de arrastrar un ataúd que contiene el cuerpo inerme de alguien que ya no nos acompaña en vida; no se me hará para nada extraño el tener que sacar a un difunto del ataúd que alquilan los dolientes para así proceder con la cremación de su ser querido ya muerto, como tampoco se me dificultará estar rodeado de personas que sufren (unas honestamente, otras con hipocresía) la pérdida de alguien que ya no es.

Aunque no parezca una labor que de mucho me sirva para aquello que estudié, podría yo decir que en efecto tiene grandes beneficios: fortalece el mantenimiento de distancia emocional frente al cliente, enriquece el trato cordial pero impersonal (algo para nada oximorónico), pule el sentido de responsabilidad horaria (no siendo esto algo que me haga falta pulir) y cultiva profundamente la prudencia puesto que hay situaciones inherentes al servicio exequial y expresiones de dolor por parte de los dolientes que harían que cualquiera se pusiera a reír o incluso a llorar dado el caso. A estas alturas me cuestiono el porqué no he colocado en mi hoja de vida mi pasaje por dicho empleo como experiencia laboral, ya que a leguas es algo que ha colaborado extra-académicamente con mi profesión hasta ahora en desuso. 

Veo entonces con beneplácito mi regreso al trabajo que día a día permite experimentar de cerca la única verdad que posee el ser humano: la muerte.

"La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene."
Jorge Luis Borges