Un día que no prometía en mayor medida; estaba escrito prácticamente: sería otra jornada aburridora. Pero no lo fue. La visita de un amigo y lo que de ahí se devino me recordó que hay una cosa por la cual agradecer.
De esta visita se generó un "parche" con otra amistad, y aunque el plan fue modesto y bajo una tenue llovizna medellinense, no pudo ser más apropiado para que en mí se efectuara una especie de re-animación subjetiva. Las amistades, cuando son bien elegidas y bien mantenidas también, son algo que permiten que uno advierta que por más diezmado animicamente que se pueda estar, no todo en esta existencia se puede pincelar con una tonalidad negativa.
Siempre lo diré y creo que en el pasado lo he dicho: mis amistades son uno de los tesoros más preciados que puedo tener y aunque no representen mayor valor monetario, diferente al que la Ley -en ciertas ocasiones- adjudica a la vida de una persona, creo imposible que pueda ser inferior a la riqueza más ostentosa que pueda existir en este mundo, pues de haber más, sería en éste el único dónde habría un culto a él.
¡Larga vida a las buenas amistades!
"La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido"
Rabindranath Tagore
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